Playitas de Cajobabo: rincón venerado de la historia

Recorrer el sitio histórico Playitas de Cajobabo, es sentir la presencia de nuestro José Martí. Y es que dialogar con las aguas del mar, presenciar enormes rocas y farallones que le perdonaron la vida cuando un 11 de abril de 1895, pasadas las diez de la noche, desembarcó por aquella zona es muestra de cuánto necesitamos beber de la sabia histórica.

Para cualquier cubano es un privilegio caminar por la playa, subir lomas... más si lo haces en compañía del historiador guantanamero Pedro Rodríguez Abad, quien narró con pasión, a esta periodista los detalles de aquella travesía nocturna, con el mar embravecido, y en la que después de dejar el barco que los transportaba, los improvisados marineros vieron partirse el timón del bote.

El historiador relató además que el tiempo, después de aquel desembarco, se tornaba pesado, el mar se veía negro como la noche y las olas se elevaban furiosas chocando contra los farallones. Junto a la costa, las luces entonces nuestro Martí dijo que había que ceñirse los revólveres. No tenían la certeza de quienes estaban allí. Luego supieron que eran pescadores, y les dieron la mano.

Gómez besa la arena al desembarcar. Marcos del Rosario, uno de los tripulantes de aquel bote junto a Martí y Gómez, recorrió el lugar años más tarde, el 23 de abril de 1922, e identificó el sitio específico en el que se levantaría un monumento en 1947.

Hasta el Monumento en homenaje al desembarco por Playitas de Cajobabo llegan hoy las nuevas generaciones para beber de las fuentes de la historia. Y resulta curioso que todavía en aquel silencio, solo roto por el sonido de las olas del mar, aún sentimos la presencia del hombre sincero de donde crece la palma.