sábado, 8 de enero de 2011

“¿Voy bien, Camilo? - Vas bien, Fidel “


El 8 de enero de 1959, el Comandante en Jefe Fidel Castro, al frente de su columna guerrillera “José Martí”, penetra por la puerta principal del campamento de Columbia, sede del Estado Mayor General del Ejército recién derrotado.

Allí, el máximo líder de la Revolución Cubana, encuentra a una tropa amilanada, mermada, pues sus generales fugitivos de la justicia, en su mayoría escaparon hacia los Estados Unidos, donde encontraron asilo junto a sus encubridores, personajes políticos corrompidos de la tiranía batistiana.

Ni un solo insulto contra el rendido, ni una sola frase que pueda lesionar la dignidad de aquellos soldados y oficiales que le escuchan, aparecieron en su discurso a la nación. La entereza de Fidel Castro, desde los días en que fuera juzgado por los sucesos del cuartel Moncada, le dio prestigio para distinguir entre los uniformados que sirvieron a una causa injusta y los que vivían con las manos manchadas de sangre.

En un momento de su discurso, el Comandante expresa: “Creo que es momento decisivo de nuestra historia: la tiranía ha sido derrocada. La alegría es inmensa. Y sin embargo, queda mucho por hacer todavía. No nos engañemos creyendo que en lo adelante todo será fácil, quizás en lo adelante, todo sea más difícil” decir la verdad es deber de todo revolucionario”.

“Lo primero es advertir al pueblo, porque hablándole al pueblo podemos ahorrar sangre, porque aquí, antes de tirar un tiro, hay que llamar mil veces al pueblo y hablarle para que, sin tiros, resuelva los problemas”. Enfatizó Fidel para resaltar el papel fundamental del pueblo en la victoria contra la dictadura de Fulgencio Batista.

“Porque la opinión pública tiene una fuerza y una influencia extraordinaria (…) En la época de la dictadura la opinión pública no es nada, pero en la época de la libertad la opinión pública lo es todo, y los fusiles se tienen que doblegar y arrodillar ante la opinión pública”. Y al terminar esta frase, Fidel vuelve su rostro hacia Camilo Cienfuegos y le pregunta con una sonrisa plena de confianza: “¿Voy bien, Camilo? -Vas bien, Fidel, le respondió el Héroe de Yaguajay.

Así, quedó sellada la expresión que enalteció para la Historia de Cuba la entrañable amistad entre el Héroe de Yaguajay y Fidel Castro. La pregunta “¿Voy bien, Camilo?, era la interrogante hecha al brillante estratega guerrillero, al hombre que merecía la total confianza de Fidel.

viernes, 7 de enero de 2011

Nuevas revelaciones sobre el terrorista Luis Posada Carriles en la Televisión Cubana


De acuerdo con el sitio Razones de Cuba, la Televisión Cubana presentará un reportaje especial de aproximadamente 40 minutos que aporta nuevas revelaciones sobre las acciones terroristas de Luis Posada Carriles, autor intelectual de la voladura de un avión civil cubano y de la cadena de explosiones en centros turísticos cubanos en 1997.

Luis Posada Carriles no solo reclutó y contrató al salvadoreño Francisco Chávez Abarca, un encargado de ventas del taller Moldtrok, de San Salvador, para cometer atentados en La Habana en 1997, sino que participó personalmente en la preparación del material explosivo que se usó en las acciones terroristas, afirma la nota firmada por Jean-Guy Allard.

Las pruebas las aportó Chávez Abarca en el curso de su reciente juicio en La Habana.

En el proceso judicial de dos días que tuvo lugar en la Sala de los Delitos contra la Seguridad del Estado del Tribunal Provincial Popular de Ciudad de La Habana, Chávez Abarca reconoció plenamente su culpabilidad al describir las circunstancias de su reclutamiento y de las operaciones que Posada le encargó.

En un momento del interrogatorio de más de 200 preguntas que le hizo la Fiscalía, el acusado cuenta como viajó a Cuba con explosivos escondidos “debajo de la plantilla” de sus zapatos.

“¿Y quién le compró estos zapatos?”, le preguntan. “Posada”, contesta el salvadoreño. En otro fragmento de su testimonio, Chávez Abarca cuenta como Posada intervino para esconder con sus propias manos el C-4 en un televisor que transportaría Raúl Cruz León. Este mismo C-4 que, en el hotel Copacabana, del reparto Miramar, provocó la muerte del joven turista italiano Fabio Di Celmo, el 4 de febrero de 1997.

Lea el reportaje completo en Razones de Cuba.

jueves, 6 de enero de 2011

TV cubana presentará nuevas evidencias de terrorismo de Luis Posada Carriles


La Televisión Cubana transmitirá próximamente momentos del juicio seguido contra Francisco Chávez Abarca, quien se declaró culpable de los cargos por terrorismo y aseguró que fue Luis Posada Carriles quien lo reclutó en El Salvador para llevar a cabo una cadena de atentados con bombas en la Isla en 1997, que costó la vida al turista italiano Fabio di Celmo.

En un spot divulgado anoche que anuncia el programa especial, se ven momentos del juicio celebrado en la Sala de los Delitos contra la Seguridad del Estado del Tribunal Provincial Popular de Ciudad de La Habana, el martes 21 de diciembre de 2010, que impuso la sanción de 30 años de privación de libertad al salvadoreño.

“Yo me declaro culpable de estos actos que hice… a mí se me acercó Posada Carriles, un terrorista internacional, de la manera más inesperada, en mi trabajo. Yo trabaja en los Talleres Moldtrok, yo era encargado de ventas del servicio del taller, que es un taller de obra y banco. Y me lo presentó mi jefe”, afirma Chávez Abarca.

Abarca reconoció haber reclutado a varios ciudadanos centroamericanos para los atentados de 1997, en los que murió el joven turista italiano. Entre ellos, mencionó a su compatriota Ernesto Cruz León condenado a muerte por ser uno de los ejecutores de los atentados.

Otro acusado por la misma causa, Otto René Rodríguez Llerena, fue reclutado por Luis Posada Carriles para poner las bombas. El Tribunal Supremo de Cuba les conmutó a Cruz León y Rodríguez Llerena la pena capital por 30 años de cárcel, en sendas vistas de apelación el 3 y el 6 de diciembre.

Como se conoce, Chávez Abarca fue detenido el 1 de julio de 2010 en el aeropuerto de Caracas cuando pretendía ingresar a esa nación utilizando una identidad falsa con el propósito de realizar acciones violentas.

El 7 de julio de 2010 fue trasladado a nuestro país en acatamiento a la orden de circulación realizada por Cuba a la Interpol, y sometido a proceso investigativo y de instrucciones, por constituir uno de los eslabones principales de la red terrorista estructurada en Centroamérica por la Fundación Nacional Cubanoamericana (FNCA) y Luis Posada Carriles.

miércoles, 5 de enero de 2011

Conrado Benítez: Un Maestro convertido en 100 mil brigadistas


El 5 de enero de 1961, en el macizo montañoso del Escambray, el maestro voluntario Conrado Benítez García, a quien el poeta Nicolás Guillén evocó como el "maestro, amigo puro, verde joven de rostro detenido", fue apresado y luego asesinado por alzados contrarrevolucionarios encabezado por Osvaldo Ramírez y financiados por el gobierno de los Estados Unidos.

¿Las únicas armas que portaba? Sus pertenencias personales, un libro de Anatomía, uno de Matemáticas, uno de Composición y algunos regalos para los colegiales que, inquietos, le esperaban cada día en la finca San Ambrosio. ¿Su única violación? El ansia de combatir la incultura que se aferraba a la población cubana.

Con sólo 18 años de edad, la Escuela de Capacitación Pedagógica de Minas de Frío, en la Sierra Maestra, vio llegar el 12 de mayo de 1960 a Conrado Benítez García, junto a otros jóvenes que como él, respondieron al llamado de la Campaña de Alfabetización para formarse como maestros voluntarios.

Unido a las filas de los alfabetizadores cubanos, el joven partió hacía los lugares más intrincados de Cuba a llevar la luz de la enseñanza y la cultura. De buen carácter, logró ganarse el cariño y la confianza de los estudiantes de la escuelita donde alternaba las clases a 44 niños por el día y otros tantos adultos por las noches. Allí, entre las montañas del Escambray, fue asesinado.

Pero si con el alevoso crimen consumado hace ya 50 años, el enemigo se propuso amilanar a quienes como Conrado Benítez, luchaban contra la incultura, no lo consiguió. Sin olvidar las lágrimas, el recuerdo del Maestro, se multiplicó y sirvió de bandera para junto a su nombre, denominar las brigadas alfabetizadoras que continuaron su obra.

Se materializaba entonces las palabras del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, cuando en el acto donde se proclamó a Cuba Territorio Libre de Analfabetismo, expresó: “… ¡Qué vergüenza para el imperialismo comprobar que el crimen fue inútil, comprobar que el asesinato de un maestro humilde de nuestro pueblo, Conrado Benítez, se convirtió en 100 mil brigadistas "Conrado Benítez"!

lunes, 3 de enero de 2011

WikiLeaks: sobre la libertad de información y la descontextualización de la historia.


Por: Enrique Ubieta Gómez

No vale la pena discurrir sobre las buenas o malas intenciones de quienes nos acercan un trozo de verdad. Agradecer, y punto. La verdad siempre es revolucionaria. En los últimos meses el imperialismo ha quedado al desnudo, en miles de documentos secretos o confidenciales que ha revelado WikiLeaks. Lo que todos sabíamos, y ellos –en una combinación de fuerza cínica--, no negaban, satisfechos de la sospecha que infunde miedo, pero decían: pruébalo. Aquí están las pruebas, aunque traspapeladas en miles de folios y de palabras vacías. Algunos cables muestran que la diplomacia imperial es una combinación de espionaje, chantaje y burdas intromisiones en los asuntos internos de sus “amigos” y enemigos. Otros revelan asesinatos alevosos en Afganistán y en Iraq, y la complicidad de los políticos que se autodenominan demócratas en Europa, con el asesinato y la tortura.

Los grandes medios hechos para desinformar sesgan sus contenidos y enseguida empiezan a “olvidarlos”. Por eso, esos cientos de miles de documentos deben conocerse, estudiarse, divulgarse entre nosotros, las víctimas actuales o potenciales. Mientras, la maquinaria trasnacional para la reconstrucción de la noticia selecciona y manipula la información, y luego la entierra, para centrarse en la figura de Julián Assange. Porque la pregunta que se hacen los gobiernos implicados y sus medios no es si el ocultamiento sistemático por un Estado de crímenes impunes es o no es en sí un crimen, sino su absurdo opuesto: si revelar ese crimen es un crimen.

Y es aquí que quiero reflexionar sobre otra arista de un fenómeno, que sigue una línea de comportamiento bien definida desde los años noventa del pasado siglo: la llamada desideologización de la verdad y la mentira, del bien y del mal. Quizás el término no sea exacto, dado que el concepto de ideología acepta varias acepciones.

Digámoslo en términos menos confusos: la descontextualización de los hechos históricos. La extirpación conciente de todo sentido opresor o liberador, clasista, en el análisis. De inmediato abro un paréntesis para introducir una afirmación que comparto plenamente: el fin no justifica los medios. Ser revolucionario no es el compromiso con una teoría, sino con una ética (que la teoría si es auténtica respalda), y debe existir siempre una consecuencia entre fines y medios.

Los revolucionarios que han violado o confundido su compromiso ético, han dejado de serlo. Por eso es que la verdad es revolucionaria: la verdad y la justicia no pueden ser ajenas. Y no lo son, porque la verdad social no es como la manzana de Newton: no cae irrevocablemente hacia abajo. Todas las supuestas verdades científicas que respaldaron la opresión humana se revelaron como falsas: desde las diferencias raciales hasta el llamado darwinismo social. La verdad social o procura la felicidad humana, o es mentira.

El primer y más abarcador intento postcomunista –para hablar en términos cercanos a los teóricos de la desesperanza--, de borrar todo análisis de contexto, fue la sustitución de conceptos como fascismo o comunismo, por el de totalitarismo. La sustitución de las esencias, por “ciertas” formas. Es lo que nos permitiría decir que en España y en Chile hubo transiciones cuando en realidad, en esos países –momentáneamente vencidos los movimientos de resistencia--, se produjeron simples cambios de forma en la implementación del capitalismo y de su represión interna.

Tanto es así, que fueron Franco y Pinochet quienes lo diseñaron. Pero en última instancia el sistema puede prescindir de servidores como ellos. Precisamente, entre los antecedentes de esta posición abstracta hallamos a un magistrado español, ampliamente promovido por los medios: Baltasar Garzón. La orden de detención contra Pinochet durante su paso por Londres, moralmente irreprochable, y ampliamente aplaudida por todos los hombres y mujeres honestos del mundo –para no referirme a la izquierda--, era una acción incuestionable, incluso para una derecha que deseaba deshacerse de su ominoso pasado.

La inmediata promoción mediática que tuvo el hecho, ubicó a Garzón como un Superman real, una representación de la Justicia Humana (casi Divina), por encima de tendencias sociales o intereses terrenales. Fijada en la mente de los ciudadanos esa imagen, Garzón entonces continuó su deambular “justiciero” de un lado y del otro del espectro social: contra la guerra sí, la de los invasores y la de los invadidos, la de los opresores y la de los oprimidos. ¿Habría podido Garzón irrumpir en el escenario internacional como héroe si el detenido en Londres no hubiese sido Pinochet, sino Henry Kissinger, al margen de su manifestado deseo de hacerlo? ¿La justicia británica se hubiera atrevido a procesarlo?

Los invasores, los opresores, tienen los recursos –la fuerza del dinero, de la prensa y de las armas--, para eludir y enterrar las acusaciones; los invadidos y oprimidos, no. Pero, ¿acaso la actuación individualizada de Garzón no apela a las mismas razones que el Gobierno estadounidense para atribuirse la ejecución de una Justicia supranacional, casi Divina, previa división de la Humanidad en buenos y malos, según sus intereses?

Pasado el torbellino mediático de los documentos imperiales revelados por WikiLeaks, los acusados claman con aparente sentido de equidad: esperamos ahora que aparezcan los documentos secretos de los estados “enemigos”, de los movimientos de oposición al Capital. En un mundo tan brutalmente manipulado, tan orweliano, estos hechos producen infinitas sospechas, y los medios se complacen en divulgarlas también.

Los que sospechan –y sospecho que entre estos hay también expertos manipuladores--, suelen considerarse paranoicos adictos a las teorías de la conspiración. Si hubiese alguna porción de verdad en lo que dicen, queda así desacreditada. Pero no se trata de atribuir “malas” intenciones a quienes entienden literalmente –el sistema jamás es literal, recuérdese esto--, los principios de la libertad de información o de la justicia sin fronteras. De alguna manera, los “locos” siempre pueden mediatizarse o en su defecto, enjuiciarse: los individuos son prescindibles.

Tan prescindible era Pinochet como Garzón, que no lo dude, si es que quiere de verdad hurgar en el pasado franquista. Que Franco no era chileno, sino español. E igual de prescindible es Julián Assange. La discusión no es si son o no personas sembradas para servir oscuros intereses, eso qué importa, si parten de principios abstractos. Ellos creen en lo que hacen, supongo.

Si es sincero, Julián Assange es un kamikaze de la libertad de información, una persona que se tomó en serio un slogan publicitario del capitalismo, que nunca fue concebido para más. Assange y Garzón se parecen más a los héroes de los comics, que a los de las grandes batallas sociales de la historia humana. En un mundo donde los grandes medios existen para construir estados de opinión, y conducir como rebaño a las masas, que Assange crea en la libertad de información parece una locura. Ha sido apresado, por un delito fabricado, creo que de acoso sexual. Hasta una sueca que viajó hace meses a La Habana a entrevistarse con nuestros ilustres mercenarios, aparece como acusadora.

La verdad que han difundido, repito, es bienvenida. Pero los dueños de la pelota y el guante en asuntos de Internet –frase cubanísima, que alude a los niños del barrio que no saben jugar béisbol, pero nadie puede sacarlos del equipo porque son los que aportan los implementos deportivos--, saben cómo revertir el contratiempo, y convertir ese hueco negro de la “libertad de información”, en instrumento manipulador de la verdad. Si los dejamos, claro. Si nos permitimos olvidar los documentos divulgados. Assange y sus seguidores quizás comprendan esta vez que el único proyecto social que necesita la verdad es el socialismo. Que la verdad no es neutra. Y la justicia tampoco.