Abel Santamaria Cuadrado: tus ojos te inmortalizan ante la Historia



“Yo voy al cuartel y tú vas al hospital, porque tú eres el alma de este movimiento y si yo muero tú me reemplazarás”. Esa fue la respuesta que le diera a Fidel Castro Ruz, Abel Santamaría Cuadrado, cuando quería convencerle de que se quedara en el Hospital Civil Saturnino Lora aquel 25 de julio de 1953.

Abel y Fidel se conocieron durante los actos de recordación del 1ro de mayo de 1952; en el cementerio de Colón. Ahí  Santamaría encontró a quien como él, creía que:  "Una revolución no se hace un día, pero se comienza en un  segundo".  Fidel,  en cambio, conoció a  quien  catalogó “como el más generoso, querido e intrépido de nuestros jóvenes”-

Los futuros combatientes que asaltarían el cuartel Moncada, comenzaron a llegar a Santiago de Cuba a partir de las cinco de la tarde de ese día. Ellos, fueron  recibidos por  Fidel y  Abel en una casa del centro de la ciudad, de ahí, partirían hacia la Granjita Siboney, donde se ultimarían, los detalles para el asalto.

Abel se convirtió en la persona en que más confiaba Fidel.  Y por su modestia,  confianza  y disciplina, fue elegido como Segundo Jefe del Movimiento de la Generación del Centenario.  Además, participó actividades de instrucción militar, propaganda, compra de armamentos y uniformes. Además, asume la preparación del cuartel general del movimiento en la Granjita de Siboney, y del hospedaje de los revolucionarios.

Eran las diez en punto de la noche del 25 de julio y  Fidel Castro llegaba a la Granjita para conversar con la joven tropa, a quienes les dijo, entre otras cosas: «Si vencen mañana, se hará más pronto lo que aspiró Martí; si ocurriera lo contrario el gesto servirá de ejemplo al pueblo de Cuba, y de ese propio pueblo saldrán otros jóvenes dispuestos a morir por Cuba, a tomar la bandera y seguir adelante».

Abel Santamaría  también le habló  a los combatientes:  «...es necesario que todos vayamos con fe en el triunfo nuestro mañana, pero si el destino es adverso estamos obligados a ser valientes en la derrota, porque lo que pase allí se sabrá algún día  ( ... ) Nuestro ejemplo merece el sacrificio y mitiga el dolor que podamos causarles a nuestros padres y demás seres queridos. ¡Morir por la Patria es vivir! “.

Había llegado el día, y  Fidel pidió a algunos voluntarios abalanzarse contra la posta tres. Abel fue rechazado para esta misión, debido a que el joven abogado Fidel,  trataba de resguardar la vida del segundo jefe pues en el caso de que él cayera en combate, este poseía las condiciones para continuar rigiendo la acción.

Momentos antes de que los primeros autos entraran en el Moncada, Abel Santamaría, el doctor Mario Muñoz Monroy, Julio Trigo, Melba Hernández, Haydée Santamaría y otros jóvenes más, entraron en el hospital. Llevaban consigo algunas armas, el maletín facultativo del doctor Muñoz, un paquete con arengas impresas y un disco que contenía el histórico discurso del aldabonazo, el último que pronunciara Eduardo Chibás.

Abel Santamaría debía de tomar el hospital civil "Saturnino Lora", con 19 combatientes, entre ellos, Haydeé, Melba Hernández y el doctor Mario Muñoz Monroy. Pero la acción armada  fracasó y cayó prisionero junto a varios compañeros. Allí lo interrogaron y torturaron, pero no dijo ni una palabra que pudiera  comprometer a sus compañeros, tampoco dio una pista  sobre el Jefe del Movimiento. Posteriormente fue ultimado el mismo día 26 de julio de 1953. Abel tenía  26 años y la tiranía batistiana cegaba su vida.

No en vano le diría a su hermana Haydee antes de ser asesinado: «es mejor saber morir, para vivir siempre». Con esta premisa, sin dudas, declaraba su indiscutible pasión por la vida y justamente este es el ímpetu de los cubanos cuando recordamos a Abel Santamaría Cuadrado, aquel joven alto y rubio, dueño de esos ojos que lo inmortalizaron por siempre ante la Historia.