lunes, 1 de noviembre de 2010

Confía Raúl en que los trabajadores cubanos respaldarán medidas económicas


El General de Ejército Raúl Castro Ruz, Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, participó este domingo en la sesión de clausura del LXXXVI Pleno ampliado del Consejo Nacional de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC) donde ratificó la confianza de la Revolución en el movimiento obrero, el cual es protagonista de la actualización del modelo económico cubano.

De acuerdo con una información publicada en el diario Granma, la única forma de romper dogmas, malos hábitos, tabúes, es dándoles participación a las masas con la clase obrera al frente, pues junto a los campesinos y el pueblo es la clase más revolucionaria, señaló Raúl.

Más adelante, hizo énfasis en la necesidad de que los dirigentes sindicales conozcan los principios que rigen la economía, porque es determinante para el funcionamiento de cualquier revolución.

Corresponde a ustedes, desde el Secretariado de la CTC hasta el más modesto dirigente, jugar el mismo papel que en su momento desempeñara Lázaro Peña, que con sabiduría y experiencia, solicitó en el histórico XIII Congreso de la CTC, en 1973, renunciar a conquistas arrancadas a la burguesía, pues la situación había cambiado y los obreros eran los dueños de los medios de producción. Por ejemplo, propuso derogar una ley que, llena de buenas intenciones, pero incorrecta y por tanto insostenible desde el punto de vista económico, pagaba el 100% del salario a quien se jubilara con una conducta ejemplar en su vida laboral, recordó Raúl.

Pero para defender las medidas y explicarlas, la clase obrera tiene que tener conocimientos y estar convencida de su importancia para la subsistencia de la Revolución, de otra manera iremos al precipicio, agregó.

Raúl insistió, una vez más, en la necesidad de ser exigentes con los cuadros, en desterrar la perniciosa tendencia de algunos de ocultar las fallas, en la urgencia de sacar enseñanzas de los errores cometidos, pues “los errores tienen que dejarnos al menos la utilidad de la experiencia para no repetirlos”, concluyó.

Sobre la actualización del modelo económico cubano, el General de Ejército comentó que no estamos copiando a ningún país, que es un producto autóctono, ajustado a nuestras características, y sin renunciar en lo más mínimo a la construcción del Socialismo.

Marino Murillo Jorge, vicepresidente del Consejo de Ministros, ofreció a los 202 participantes en el Pleno una información pormenorizada de la actual situación de la economía cubana y de las medidas que se vienen adoptando. Entre otros muchos temas, precisó detalles del proceso inversionista, cuya actual ineficiencia provoca la inmovilización de numerosos recursos. Informó la decisión de incorporar al plan solo las inversiones debidamente preparadas.

Asimismo, mencionó la relación desproporcionada que existe entre el salario medio y la productividad del trabajo, lo cual se traduce “en que la sociedad reparte bienes de consumo más rápido de lo que los crea”. Precisó que actualmente existen más ocupados en el sector de los servicios que en el de la producción de bienes, “estructura de ocupación que no permite el buen funcionamiento de ninguna economía”, enfatizó.

En consecuencia, Marino Murillo dijo que las nuevas medidas están dirigidas a suprimir las gratuidades indebidas y los subsidios excesivos; descargar al Estado de actividades que no le corresponden; reducir las plantillas infladas e incrementar la productividad del trabajo. Todo ello posibilitará realizar las transformaciones necesarias de salarios y pensiones.

El también titular de Economía definió cómo deberá realizarse el ajuste de las plantillas infladas que conllevará en primer lugar al rediseño de plantillas, al desarrollo de procesos de disponibilidad bajo el principio de idoneidad demostrada, y a la aplicación de un tratamiento laboral y salarial a los trabajadores interruptos que elimine procedimientos paternalistas. Además detalló la ampliación del trabajo por cuenta propia y el rediseño del régimen tributario.

Al concluir la sesión del Pleno ampliado, Salvador Valdés Mesa, secretario general de la CTC, ratificó que los trabajadores respaldarán estas medidas de reorganización laboral que fortalecerán la disciplina, el incremento de la productividad y la creación de una mentalidad de productores.

Valdés Mesa precisó que para ello es necesario fortalecer el funcionamiento de las organizaciones de base, y lograr un mejor desempeño de los cuadros que deberán asumir con mayor entrega, sistematicidad, responsabilidad y planificación las labores que le corresponden para que la clase obrera participe aún más en el desarrollo económico del país.

El movimiento sindical tiene un papel determinante en la actual coyuntura histórica y las perspectivas futuras. Y concluyó: “En 50 años de Revolución la clase obrera no le ha fallado a la Revolución, porque sería como fallarnos a nosotros mismos”.

En el encuentro participaron además, dirigentes del Partido, el Estado y del Gobierno.

jueves, 28 de octubre de 2010

Los ojos de Camilo


La primera vez que lo entrevisté, fue gracias a la magia del correo electrónico recurso con el que, con un solo clic, logras llegar a millones de kilómetros. Sin embargo, a seis años de aquel ciberencuentro, quiso la curiosidad que esta periodista sorprendiera al fotógrafo Perfecto Romero Ramírez en su hogar de la Calle 23 del Vedado en La Habana, para nuevamente intercambiar a cerca de este grande que fue Camilo Cienfuegos Gorriarán.

Ya tengo 74 años y nací en Cabaiguán el 25 de enero de 1936. Desde 1955 me hice fotógrafo, primero buscando una vía para vivir, luego me enamoré de mi trabajo y hasta hoy estoy activo soy fotorreportero del periódico Palante.

Comencé mi trabajo como fotógrafo haciendo retratos de bodas y quince y... en esos trajines me incorporé a la lucha contra Batista cuando me uní a los Rebeldes (Barbudos) en la Sierra del Escambray, Cabaiguán, actual provincia de Sancti Spíritus. Eran tiempos muy duros para la juventud cubana, la Revolución se hacía cada vez más fuerte y la represión más descarnada y cruel, entonces no tenía perspectivas de vida y el futuro era completamente incierto.


Recuerdo cuando conocí a Camilo Cienfuegos, fue por casualidad aquel el 24 de diciembre de 1958 en las calles de Yaguajay, cuando el movimiento 26 de julio nos reúne y plantea la necesidad de reforzar la Columna 8 Ciro Redondo, todos los que estábamos allí nos incorporarnos.

Luego, en la Comandancia de Cabaiguán, el Che envía a Camilo varios combatientes y armamentos. Al frente iba el Capitán Ángel Frías y me dice: “Vamos a Yaguajay”, e inmediatamente tomé mi maletín de las cámaras y salimos para allá. Al llegar, allí estaba el Héroe de Yaguajay, quien me trató desde el primer encuentro como si me hubiera visto durante toda la vida. Ese día entró a mi piel como un amigo, yo tenía 23 años y él, 27.

Los ojos y la mirada limpia


No lo conocía hasta entonces, sí había escuchado hablar de él. Quienes lo conocían, lo mencionaban mucho. Hasta hoy recuerdo su saludo: un fuerte abrazo y una gran sonrisa, característica en él hasta en los momentos difíciles. Era un hombre que impresionaba, llevaba el cabello oscuro, era alegre, delgado, sociable, se ganaba a la gente con facilidad. ¿Y sus ojos? Exhibían una mirada limpia, profunda.

Portador de una inteligencia natural, hablaba lo preciso, lo conciso, era inteligente, fidelista y fiel a la Revolución, además de ser un tremendo orador. En su discurso comunicativo no utilizaba palabras rebuscadas, era sencillamente un hombre que nació del pueblo y vivió sencillamente para su pueblo. El pueblo lo quería mucho. Era un hombre muy osado e intrépido. Un hombre de Verde Olivo.

Desde que conocí a Camilo, mi vida cambió y entonces siempre que necesitaba un fotógrafo, me llamaba donde estuviera. Fueron diez meses de trabajo intenso junto al Héroe, de ahí surgieron vendrían cientos de instantáneas, como también de ahí nacieron recuerdos que no se olvidan, y que me emocionan cuando pienso en ellos.


Muchas fotos suyas me han impresionado, la que está de pie cuando la Toma de Yaguajay, en la que participé con él, el júbilo de la victoria de enero del 59, la de los encuentros de Camilo con los principales jefes de la naciente Revolución y su contacto permanente con el pueblo, la de su rostro en Ciudad Libertad, y una donde está con nuestro invicto Comandante en jefe Fidel Castro, que recorrió todo el mundo, a propósito del Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba.

El hecho de ser el fotógrafo que más cerca estuvo de Camilo Cienfuegos, me hace muy feliz, sin embargo, no me jacto de ello. Quiso la casualidad que éste fuera mi trabajo. Claro, guardo los negativos con amor, y ahora constituyen una verdadera fortuna. ¡Ese fue mi gran mérito: almacenar mi archivo en negativos. ¿Sabes? Era muy joven, tenía 23 años y jamás pensé que Camilo iba a morir tan pronto. En eso uno no piensa…

La pérdida

Cuando Camilo desapareció trabajaba en la revista Verde Olivo. Cuando supimos la desagradable noticia, nos movilizamos y fuimos en su busca. Lo recuerdo como hoy. Salimos un camarógrafo, un periodista y yo a buscarlo por la Ciénaga de Zapata, le preguntamos a los carboneros, nos montamos en un barco y recorrimos el río Hatibonico, Cayo Largo y los cayos de la costa sur, siempre escudriñando algún indicio de avión u otra cosa que nos relacionara con la desaparición del Héroe de Yaguajay, pero nada, para tristeza nuestra, jamás apareció.

Recuerdo con la firmeza que enfrentamos el momento en que Fidel habló para el pueblo y dijo: “Es increíble que esto haya pasado”. Fue terrible, muy duro, una pérdida irreparable, era un hombre joven, con muchas ganas de vivir y un corazón que no le cabía, de tan grande, en el pecho. En los rostros de todo el pueblo había mucha, mucha tristeza.


Todavía guardo las palabras del Che cuando expresó: “en esta lucha se muere o se triunfa si es necesario”. Pero al decir del poeta Nicolás Guillén: “Los grandes muertos son inmortales: No mueren nunca”, pensamos en Camilo, por que la idea de su muerte, nos pasa nunca por la mente, él vive en la obra de la Revolución.

El ejemplo indestructible del Héroe de Yaguajay me ha acompañado siempre, sus anécdotas, su jocosidad, su entereza revolucionaria, que constituyen artífice para la formación de las futuras generaciones que ven a Camilo como hombre de una gran estatura moral y gran valía, un hombre que dibujó con sus flores, su sonrisa en el mar.

Ha pasado mucho tiempo, cincuenta años, ya no soy aquel imberbe que hacía fotos de quince y bodas, ni aquel bisoño que publicara su primera foto en una revista Bohemia del año 1959, tampoco aquel guerrillero asustado que recibió de Camilo junto al abrazo, la amistad eterna. Perfecto Romero es un fotógrafo de pueblo que tuvo la suerte de captar con su lente, los ojos y el rostro de uno de los grandes hombres de la Historia de Cuba para hacerlo eterno, el de Camilo Cienfuegos.

Camilo se robó su propio nombre para dárselo a la Revolución


Que importa hayan pasado los años, ya suman 51 , los hombres como él, marcan un hito en la historia y están presentes en la obra de su pueblo al enfrentar día a día el peligro frente a los enemigos.Y es que Camilo Cienfuegos Gorriarán, el hombre de la eterna sonrisa, vive con nosotros, en la primera línea de combate.

Es mito, leyenda y realidad. Tenía dos corazones: uno para la Patria y otro para el amor. Buen conocedor de sus hazañas militares, a Camilo Cienfuegos,lo acompañaba siempre la eterna sonrisa debajo del inseparable sombrero alón. Portador de un tremendo un carisma para dejar una huella inquebrantable entre los que lo conocieron, el Héroe de Yaguajay, fue en suma, uno de los hombres más queridos entre las tropas y los pobladores.

Modelo insuperable de combatiente y de vanguardia. Surgido del pueblo, disfrutaba de una convicción y poder seductor tan inmenso, que logró atrapar en sus madejas al argentino Ernesto Che Guevara, marcando una amistad tan profunda, que con el tiempo quedaría convertida en una epopeya.

Después del triunfo de la Revolución, Camilo alcanzó una intensidad sorprendente. Cuando el desleal Hubert Matos atentó contra la Revolución y hubo de frenársele, viajó a Camagüey y totalmente desarmado detuvo al traidor. Regresó a La Habana el 25 de octubre, y participó en el acto del día siguiente, para repudiar las acciones de los imperialistas y en apoyo a la Revolución. Entonces habló al pueblo.

El 27 viajó a Camagüey con el propósito de retornar hacia la capital la tarde del 28 hacia La Habana, pero nunca llegó a su destino. El avión en que viajaba su avión desapareció y nos dejó privados para siempre, del dueño de aquella sonrisa amplia y el sombrero alón. Nos despojó de un revolucionario de pies a cabeza, de un hombre de 27 años de edad, justo cuando la Revolución comenzaba la dura y decisiva etapa de su batalla frontal contra el imperialismo yanki y la contrarrevolución interna.

Nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro dijo de él que "no tenía la cultura de los libros, pero sí la inteligencia natural del pueblo". Para Vilma Espín Guillois, era la historia pura. Sólo hay que leer su nombre: Camilo Cienfuegos. Fue un héroe de cien fuegos. Buscó el horizonte en el ánima del fusil y el beso en los ojos de las mujeres, como el que va a morir temprano. En otras palabras: Camilo se robó su propio nombre para dárselo a la Revolución.