lunes, 13 de diciembre de 2010

Mensaje a los participantes en el XVII Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes en Sudáfrica


Compañeras y compañeros:

Es muy grato para mí y un gran honor acceder a la solicitud que me hicieron llegar de transmitirles un mensaje con motivo del XVII Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes que tiene lugar en la Patria de Nelson Mandela, símbolo viviente de la lucha contra el odioso sistema del apartheid.

Cuba fue sede de dos festivales mundiales: el XI, en 1978; y el XIV, en 1997.

Por primera vez el Festival dejaba de realizarse en Europa para hacerlo en un país de este hemisferio.

La decisión fue tomada por la IX Asamblea de la Federación Mundial de Juventudes Democráticas que tuvo lugar en Varna, Bulgaria, a fines del año 1974.

Eran tiempos diferentes: el mundo se enfrentaba a problemas serios, pero menos dramáticos. Los jóvenes más progresistas luchaban por el derecho de todos los seres humanos a una vida digna; el viejo sueño de los mayores pensadores de nuestra especie cuando era evidente que la ciencia, la tecnología, la productividad del trabajo y el desarrollo de la conciencia lo hacían posible.

En un breve lapso de tiempo la globalización se aceleró, las comunicaciones alcanzaron niveles insospechados, los medios para promover la educación, la salud y la cultura se multiplicaron. Nuestros sueños no eran infundados. En ese espíritu se llevó a cabo el XI Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, en el que participó también nuestro pueblo.

En el Consejo General de la Federación Mundial de Juventudes Democráticas, celebrado precisamente en la heroica Sudáfrica a principios de octubre de 1995, se aprobó la realización en La Habana del XIV Festival, en el que participaron más de 12 mil delegados de 132 países. Nuestro país llevaba entonces casi 37 años librando la batalla política e ideológica contra el imperio y su brutal bloqueo económico.

Hasta la década de 1980 no solo existían la República Popular China, la República Popular Democrática de Corea, Vietnam, Laos y Kampuchea, que habían soportado guerras genocidas y los crímenes de los yankis, sino también el campo socialista de Europa y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, un enorme Estado multinacional de 22 millones 402 mil 200 kilómetros cuadrados, con enormes recursos de tierra agrícola, bosques, petróleo, gas, minerales y otros. Frente a la superpotencia imperialista, con más de 800 bases militares desplegadas por todo el planeta, se erguía la superpotencia socialista.

La disolución de la URSS, fuesen cuales fueran los errores en uno u otro momento de la historia, constituyó un duro golpe al movimiento progresista del mundo.

Los yankis se movieron rápidamente y extendieron las bases militares y el uso de instalaciones construidas por la URSS para cercar más estrechamente con su maquinaria de guerra a la Federación Rusa, que aún continúa siendo una gran potencia.

El aventurerismo militar de Estados Unidos y sus aliados de la OTAN se incrementó en Europa y Asia. Desataron la guerra de Kosovo y desintegraron a Serbia.

En el ámbito de nuestro hemisferio, aún antes de la desintegración de la URSS, invadieron en el año 1965 a la República Dominicana; bombardearon e intervinieron con fuerzas mercenarias a Nicaragua; invadieron con sus tropas regulares a Granada, Panamá y Haití; promovieron sangrientos golpes militares en Chile, Argentina y Uruguay y dieron apoyo a la brutal represión de Stroessner en Paraguay.

Crearon la Escuela de las Américas, donde no solo entrenaban a miles de oficiales latinoamericanos en conspiraciones y golpes de Estado, sino también familiarizaron a muchos con doctrinas de odio y prácticas sofisticadas de torturas, mientras se presentaban ante el mundo como paladines de “los derechos humanos y la democracia”.

En la primera década de este siglo, la superpotencia imperialista parece desbordarse de su propio cauce.

Los sangrientos sucesos del 11 de septiembre de 2001, en que fueron destruidas las Torres Gemelas de Nueva York -un episodio dramático en el que perdieron la vida alrededor de 3 000 personas-, y el ataque posterior al Pentágono, vino como anillo al dedo al inescrupuloso aventurero George W. Bush para instrumentar la llamada guerra contra el terror, que constituye, simplemente, una peligrosa escalada en la brutal política que Estados Unidos venía aplicando en nuestro planeta.

Está más que demostrada la bochornosa complicidad de los países de la OTAN con tan repudiable guerra. Esa organización bélica acaba de proclamar su propósito de intervenir en cualquier país del mundo donde considere que sus intereses, es decir, los de Estados Unidos, estén amenazados.

El monopolio de los medios masivos de información, en manos de las grandes transnacionales capitalistas, ha sido utilizado por el imperialismo para sembrar mentiras, crear reflejos condicionados y desarrollar instintos egoístas.

Mientras los jóvenes y los estudiantes viajaban hacia Sudáfrica a luchar por un mundo de paz, dignidad y justicia, en Gran Bretaña los estudiantes universitarios y sus profesores libraban una batalla campal contra los fornidos y bien equipados cuerpos represivos que, sobre briosos caballos, los atacaban. Pocas veces y tal vez ninguna otra en la historia se vió un espectáculo semejante de la “democracia” capitalista. Los partidos neoliberales gobernantes ejerciendo su papel de gendarme de la oligarquía, traicionando sus promesas electorales, aprobaron medidas en el Parlamento que elevaban a 14 mil dólares anuales el costo de los estudios universitarios. Lo peor de todo fue el descaro con que los parlamentarios neoliberales afirmaron que el “mercado resolvía ese problema”. Solo los ricos tenían derecho a los títulos universitarios.

Hace pocos días, el actual Secretario de Defensa de Estados Unidos, Robert Gates, al comentar los secretos divulgados por Wikileaks declaró: “El hecho es que los gobiernos tratan con EE.UU. porque les interesa, no porque les gustemos, no porque confíen en nosotros, y no porque crean que podemos guardar secretos. Algunos gobiernos tratan con nosotros porque nos temen, algunos porque nos respetan, la mayoría porque nos necesita. Todavía somos esencialmente, como se ha dicho antes, la nación indispensable”.

No pocas de las personas inteligentes y bien informadas albergan la convicción de que el imperio yanki, como todos los que lo precedieron, ha entrado en la etapa final y que las señales son irrebatibles.

Un artículo publicado en el sitio Web TomDispatch, traducido del inglés por el sitio Rebelión, expone cuatro hipótesis del probable curso de los acontecimientos en Estados Unidos, y en todas ellas la guerra mundial figura como una de las posibilidades, aunque no excluye que pueda haber otra salida. Añade que definitivamente ese país perderá su papel dominante en las exportaciones globales de mercancías, y en menos de 15 años perdería su papel dominante en la innovación tecnológica y la función privilegiada del dólar como moneda de reserva. Cita que ya este año China alcanzó un 12% frente a Estados Unidos 11% en la exportación mundial de mercancías, y aludió a la presentación por el Ministro de Defensa de China en el mes de octubre de este año del superordenador Tianhe-1A, tan poderoso que, como expresó un experto estadounidense, “liquida la máquina Nº 1″ existente en Estados Unidos.

Nuestros queridos compatriotas, al llegar a Sudáfrica, entre las primeras actividades rindieron merecido tributo a los combatientes internacionalistas que dieron su vida luchando por África.

Desde hace 12 años en el vecino Haití nuestra misión médica presta su servicio al pueblo haitiano; hoy con la cooperación de médicos internacionalistas graduados en la ELAM (Escuela Latinoamericana de Medicina). Allí luchan también por África combatiendo la epidemia del cólera, que es la enfermedad de la pobreza, para impedir que se extienda a ese continente, donde al igual que en América Latina hay mucha pobreza. Con la experiencia adquirida, nuestros médicos han reducido extraordinariamente la tasa de letalidad. Muy cerca de Sudáfrica, en Zimbabwe, en agosto de 2008, de “forma explosiva” estalló esa epidemia según el diario “Herald” de Harare. Robert Mugabe acusó a los gobiernos de Estados Unidos y Gran Bretaña de introducir la enfermedad.

Como prueba de la total falta de escrúpulo yanki, es necesario recordar que el Gobierno de Estados Unidos entregó armas nucleares al régimen del apartheid, que los racistas estuvieron a punto de usar contra las tropas cubanas y angolanas, que después de la victoria de Cuito Cuanavale avanzaban en la dirección Sur, donde el mando cubano, sospechando ese peligro, adoptó las medidas y tácticas pertinentes que le daban el dominio total del aire. Si intentaban usar tales armas, no habrían obtenido la victoria. Pero es legítimo preguntarse: ¿qué habría ocurrido si los racistas sudafricanos hubiesen utilizado las armas nucleares contra fuerzas de Cuba y Angola? ¿Cuál habría sido la reacción internacional? ¿Cómo habría podido justificarse aquel acto de barbarie? ¿Cómo habría reaccionado la URSS? Son preguntas que debemos hacernos.

Cuando los racistas entregaron el gobierno a Nelson Mandela, no le dijeron una sola palabra, ni qué hicieron con aquellas armas. La investigación y denuncia de tales hechos sería en estos instantes un gran servicio al mundo. Los exhorto, queridos compatriotas, a presentar este tema en el Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes.

¡Patria o Muerte!

¡Venceremos!

Fidel Castro Ruz

Diciembre 13 de 2010

Memorias de una delegada al XI Festival en Cuba en julio de 1978

Desde el 13 de diciembre y 21 de diciembre, se realiza el XVII Mundial de la juventud y los Estudiantes en Pretoria, Sudáfrica, dedicado en esta ocasión a Nelson Mandela y Fidel Castro Ruz, dos grandes de la Historia contemporánea. Esta es la razón para que les exprese las memorias de esta periodista hoy y entonces delegada en julio de 1978, al XI Festival celebrado en La Habana, Cuba.

Cualquiera pensaría que no me acuerdo de aquel momento. Tenía entonces diez años y cursaba el quinto grado de la enseñanza primaria. La noticia se regó como pólvora: El grupo de Danza de la escuela Carlos de la Torre de Guantánamo, es delegado al XI Festival. Formaríamos parte de la delegación cultural de mi provincia a la cita juvenil.

Con profunda alegría, renovada decisión de lucha y fundado optimismo, tomamos la noticia y días antes nos comenzamos a preparar para el evento. Entre horas de ensayos y preparativos personales, los días pasaron volando. Lo recuerdo como si fuera hoy. La alegría no cabía en mi pecho de niña.

Toda Cuba vestía los colores de la flor del XI Festival. Desde todos los confines del planeta, llegaron a la entonces Ciudad de Pioneros José Martí en Tarará, 18 mil 500 jóvenes que representaron a 145 países, para compartir sus ideas, anhelos y esperanzas. Por primera vez, la fiesta juvenil del mundo dejaba el territorio europeo para celebrarse en el continente americano, justamente en Cuba.

Nuestro verde caimán se convertía en el primer país del continente americano, sede de la trascendental cita, cuando parecía que ese movimiento iba a morir y que los sueños alentados por las nuevas generaciones y las esperanzas de millones de jóvenes desaparecerían.

El 28 de julio de 1978, las principales avenidas de La Habana repletas de público, vieron pasar a las delegaciones hacia el Estadio Latinoamericano. Y aún recuerdo como entre cantos, risas, abrazos, alegría y solidaridad, precedieron, recorrimos tres kilómetros para asistir al acto inaugural, verdaderamente impresionante.

La pizarra humana conmovió a todos. Estaba formada por niños cubanos, que representaban con los colores de la bandera del XI Festival: rojo, azul, amarillo, verde y violeta, a los cinco continentes de mundo. Y allí, erguido, estaba la imponente figura de nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz. ¡Cuántos recuerdos imborrables de niña!

Con la consigna que cruzó el mundo como bandera de amistad: Joven del Mundo Cuba es tu casa, nuestro pueblo abrió sus puertas a 18 mil 500 jóvenes que representaron a 145 países que viajaron a la Isla para aunar voluntades y eliminar toda forma de racismo, de discriminación y por alcanzar, en busca de solidaridad, la paz y la amistad mundial.

sábado, 11 de diciembre de 2010

La esperanza y la vergüenza de este mundo


En otras latitudes, en millones de rostros infantiles posan y reposan las moscas

Por: José Llamos Camejo

Agradeceré al sabio capaz de explicarme lo inexplicable, al entendido que exponga la razón que no encuentro, al poderoso que aclare mis dudas; no importa si es emperador o monarca, si Premio Nóbel o presidente; lo importante es que aclare mis dudas. Y si ellos no pueden, que lo haga entonces un mago, un médium o adivinador; que me lo explique alguien, -si existe alguien quien pueda explicarlo-, porque hasta hoy no lo entiendo.

No puedo; es más, no quiero entender ni creer lo que veo: humanos que habitan el mismo planeta y sufren tamañas disparidades, aunque nacieron con iguales derechos, refrendados en constituciones y convenciones., “derecho a una protección especial para que puedan crecer física, mental y socialmente sanos y libres… a una alimentación, vivienda y atención médica adecuadas… a una educación gratuita…a divertirse, a jugar…“.

¿Cómo explicar que a los derechos humanos se les haya erigido y sostenido un altar en la Cuba acosada y bloqueada, y que en otras naciones se les haya cavado una tumba?. ¿De dónde viene el contraste? ¿Por qué a algunos le resultan incómodas, afirmaciones como la de un representante de la UNICEF: “En el planeta, millones de menores sufren la falta de escolarización y de vacunación contra enfermedades prevenibles, además de ser víctimas de explotación laboral y sexual en las redes internacionales de prostitución, ninguno es cubano”?.


Alegría en el semblante de cualquier niño cubano

La “gran Prensa” occidental usa y abusa de su “libertad de expresión”, tergiversa y omite verdades enaltecedoras de Cuba, mientras oculta el verdadero drama que sufren otros, ¿será que no le conviene difundir certezas como estas, admitidas por organismos de la ONU?: “300.000 menores han sido obligados a convertirse en soldados…el mundo registra cien millones de menores esclavizados… cuatro millones de menores han muerto de sida… más de trece millones se han quedado huérfanos…750 millones de niños están mal alimentados…ciento tres millones no acceden a la escuela”.

Nada, que el planeta contrasta como el paraíso y el mismísimo infierno. Yo sigo a la espera de alguien que explique por qué la alegría posa y reposa en el semblante de cualquier niño cubano, mientras en otras latitudes posan y reposan las moscas en millones de rostros infantiles, yo invito a que alguien desentrañe el misterio, que descifre y denuncie las causas de tanta esperanza y de tanta vergüenza. Lo agradeceré infinitamente.