jueves, 23 de mayo de 2013
martes, 21 de mayo de 2013
Zoológico de Piedras en Guantánamo: Donde la belleza es completamente natural ( Video y Fotos )
Entre las lomas de la provincia de Guantánamo, existe un lugar de obligada visita: El Zoológico de Piedras, situado en un espacio natural surgido de las sagaces manos del escultor Ángel Iñigo Blanco y cuya labor comparte con el hijo del mismo nombre.
A fuerza de sudor y empeño, el mentado campesino yaterano, asombró a toda Cuba cuando sacó a la palestra pública su obra artística, concebida a golpe de cincel, hacha, barreta y martillo. Claro, jamás se había visto en parte alguna, un zoológico con casi todas las especies de animales hechas de piedras.
A diferencia de los demás Zoológicos que existen en Cuba y el mundo donde se exhiben los animales en un ambiente completamente natural, en el de Piedras de Guantánamo, los protagonistas no emiten sonidos propios. Allí, entre las montañas guantanameras, devenidas praderas africanas, sólo se escucha sobre la piedra, el golpe del buril, resultado de la rica imaginación de sus realizadores.
Elefantes, serpientes, ratas, gallinas ponedoras, pavorreales, perros de caza, aves de corral, lagartijas, rinocerontes, canguros, leones, monos…, son algunas de las más de 450 piezas logradas gracias al ingenio y la voluntad de estos dos Ángeles de la piedra.
Más de dos kilómetros y más de 200 escalones aguardan a los transeúntes que vienen en busca de esta maravilla natural, orgullo de los guantanameros. Y por si fuera poco, allá, en lo alto de la montaña, es sorprendente encontrar la armonía entre estos animales que cuidan con celo el entorno donde viven y se desarrollan. Verdadero asombro y belleza en un ambiente rico y natural.
domingo, 19 de mayo de 2013
No conozco otra República que la que nació el 1ro de enero de 1959
Por Raisa Martín Lobo
El 20 de mayo de 1902 marcó un nuevo
período en la historia de nuestro país. Este día, surgía una República caracterizada
por la corrupción político administrativa
de las clases en el poder, la explotación, la persecución de los grupos
progresistas, vicios que fueron eliminados
definitivamente con el triunfo de la
Revolución el 1ro de enero de 1959.
Para
los cubanos está muy claro el hecho de que no aspirábamos a tener aquella de sociedad. Y no la anhelábamos porque sencillamente no
era el país por el que tanto había luchado Carlos Manuel de Céspedes desde que
el 10 de octubre de 1868 se lanzara a la guerra por la independencia de Cuba, ni la que había pensado José Martí tras la victoria sobre el coloniaje
español. El gobierno cubano se propuso tras el triunfo del 1ro de enero de 1959, hacer realidad el programa del Moncada y con ello, se resolvieron de inmediato los problemas fundamentales que tenía el país: el de la tierra, la la vivienda, industrialización, el desempleo, la educación y de la salud del pueblo. Así comenzó un proceso de sustitución de la propiedad privada por la estatal, con el propósito de beneficiar las grandes mayorías en detrimento de la gran burguesía que ostentaba el poder económico.
En mi caso particular, sólo he conocido una República, la que me enseñaron mis maestros de Historia, esa que nació aquel 1ro de enero de 1959 abonada con la sangre de la generación del Centenario y liderada por el joven abogado Fidel Castro, esa República fraguada en el Moncada, la lucha contra Bandidos, en la Sierra Maestra y en la lucha clandestina.
No conozco otra República que la única que vivo y hoy viven mis hijos, la que nació el 1ro de enero de 1959, la de la bandera tricolor, la que defendimos en Playa Girón, en la Lucha contra Bandidos.... No conozco otra Cuba que no sea la que mira hacia el futuro y lucha por mantener sus conquistas sociales en estos más de 50 años de verdadero poder revolucionario.
Hoy avanzamos dotados de los valores éticos y morales inculcados por nuestros padres y maestros, quienes dejaron una impronta para llevarnos a la victoria de enero de 1959. Muestra de ello, son las previsiones de nuestro guía Fidel Castro en su alegato histórico la Historia me Adsorberá, que se han hecho realidad y se materializan hoy en la confianza del pueblo en su Revolución, en su único Partido y en la continuidad de una obra hecha con todos y para el bien de todos.
20 de mayo de 1902: Lo más luctuoso de nuestra historia
Por: Pablo Soroa Fernández
El 20 de mayo de 1902 siete años y un día
luego de que Cuba dejara morir al Apóstol de su Independencia, este
objetivo secular fue
institucionalmente frustrado después de 30 años de lucha, con la instauración de una “República” , que de haber
existido, podría haberse denominado falsa, orquestada, apócrifa,
mediatizada, impuesta, y digo “podría”,
porque el
calificativo precisa de un sustantivo para acompañarlo.
Pero ¿acaso era aquello una República, como se preguntó Fidel?
¿Qué República era aquélla cuyo primer presidente resultaba, comparado con Carlos Manuel de Céspedes (y no
por la estatura corporal, sino por la patriota) un liliputiense, y, por
añadidura portaba en su cartera las credenciales de ciudadano norteamericano y en el alma la falta de convicciones de los
revolucionarios conversos.
Se es siervo por necesidad, y servil por elección, escribió José
Ingenieros en su libro La simulación en
la lucha por la vida, un texto que debió ser de cabecera para Don Tomás
Estrada Palma, reeleccionista a la fuerza, solicitador de intervenciones
foráneas y asesino del General Quintín Banderas, ex compañero suyo de
cabalgadura en la manigua y cubano que
por más constituciones peleó. .
La naturaleza de la “República” de 1902 (las comillas aquí resuelven un
gran problema) la delatan la de sus apologetas: traidores de toda laya, torturadores, los que ahora en el exilio (y
sino ellos sus descendientes) disfrutan el dinero que le extirparon bajo la tutela
d doctores y generales, inconsecuentes con hoja de servicios a la libertad que
vino a materializarse, no por ellos, sino a pesar de ellos, el primero de enero
de 1959.
En mis años, he conocido una sola República la nacida en aquella
alborada, sin ceremonias, ni fuegos artificiales, abonada con la sangre de la
juventud del Centenario, encabezada por Fidel, y forjada en el Moncada, en Isla
de Pinos (el presidio), en México (el exilio), en el desembarco del Granma y la lucha en la
Sierra Maestra.
Si tuviera el privilegio de ser nonagenario, tampoco habría
conocido otra república que ésta, la única que en realidad en Cuba ha sido, la
que defendimos en Playa Girón, durante la crisis de los cohetes, en la Lucha
contra Bandidos, en nuestra gesta internacionalista en África, y en América
Latina.
Esa es la única República Cubana, no aquella, existente solo para los
terratenientes y burgueses, para sus
cachorros y cachorras, que si no aúllan la impotencia de carecer de patria, la
ladran, Sancho, señal de que la
República Única y Revolucionaria, cabalga hacia el futuro, hacia el futuro
socialista.
Un futuro sin la tutela de aquellas administraciones yanquis que protegieron, auparon y de milagro no situaron
en el sanctasanctórum a tantos malversadores y déspotas, los últimos en
escuchar y seguir al pie de la letra sus órdenes, no acatadas ya en Cuba,
Territorio Libre de América, Año 55 de la Revolución.
sábado, 18 de mayo de 2013
José Martí: El más lúcido de los cubanos
Era 19 de mayo de
1895 y próximo del mediodía, sabía que marchaba hacia la muerte, sin embargo, José Martí Pérez, se
arrojó sobre ella con osadía admirable. Ese día, su caballo Baconao, obsequio del General José
Maceo, regresó solo a los predios mambises y en las horas de la noche,
sus compañeros de lucha, reconocieron su cuerpo ya sin vida.
Gloriosa fue su primera y última cabalgadura. Se derrumbaba el héroe en el campo de batalla, como había pedido en sus Versos Sencillos, “de cara al sol “ y entre las palmas de su Cuba querida. Murió justo aún no había culminado su obra, cuando la Patria más lo necesitaba: Así mueren los grandes.
La vida del héroe nacional cubano José Martí, a 118 años de su caída en combate se ha convertido en un magisterio vivo. Su muerte, en cambio, pasó a ser una leyenda que voló para convertirse en la quimera de un caballo asustado, de un blanco eficaz entre las filas enemigas y de un hombre que fundió las voluntades de los suyos en un mismo sentimiento de amor.
Quienes le conocieron, admiraron al patriota, al poeta, al dueño de la capacidad patriótica de resistencia y ejemplo de militancia política de los cubanos. Su firmeza revolucionaria, le vino de su propia raíz popular, de la fe en la victoria y del trabajo creador.
José Martí sólo vivió 42 años, pero fue tiempo suficiente para legar al futuro una huella inquebrantable en la Historia de Cuba. Se perdía al más lúcido de los cubanos, al combatiente, al organizador, al maestro, al escritor, al hombre culto e inteligente. Se perdía al hombre que había echado sobre sus hombros la guerra necesaria. Se perdía a quien había calado, como nadie, en la naturaleza del imperialismo norteamericano.
Gloriosa fue su primera y última cabalgadura. Se derrumbaba el héroe en el campo de batalla, como había pedido en sus Versos Sencillos, “de cara al sol “ y entre las palmas de su Cuba querida. Murió justo aún no había culminado su obra, cuando la Patria más lo necesitaba: Así mueren los grandes.
La vida del héroe nacional cubano José Martí, a 118 años de su caída en combate se ha convertido en un magisterio vivo. Su muerte, en cambio, pasó a ser una leyenda que voló para convertirse en la quimera de un caballo asustado, de un blanco eficaz entre las filas enemigas y de un hombre que fundió las voluntades de los suyos en un mismo sentimiento de amor.
Quienes le conocieron, admiraron al patriota, al poeta, al dueño de la capacidad patriótica de resistencia y ejemplo de militancia política de los cubanos. Su firmeza revolucionaria, le vino de su propia raíz popular, de la fe en la victoria y del trabajo creador.
José Martí sólo vivió 42 años, pero fue tiempo suficiente para legar al futuro una huella inquebrantable en la Historia de Cuba. Se perdía al más lúcido de los cubanos, al combatiente, al organizador, al maestro, al escritor, al hombre culto e inteligente. Se perdía al hombre que había echado sobre sus hombros la guerra necesaria. Se perdía a quien había calado, como nadie, en la naturaleza del imperialismo norteamericano.
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