sábado, 8 de febrero de 2014
CELAC: sueño que marcó una ruptura con un pasado de desunión
Ha pasado
varios días y aun la II
Cumbre de la
Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños
(CELAC), recientemente celebrada en La Habana, Cuba todavía
es noticia. El hecho de que la mayor de las
Antillas fuera sede de este encuentro, donde 29 de los 33
mandatarios invitados se hayan comprometido hacia el logro de la paz y el
respeto entre nuestras naciones de la región y donde se firmara unánimemente la Declaración de La Habana, es un claro
ejemplo para el mundo.
Si
reflexionamos en la corta vida de este joven proyecto integracionista,
admira que en tan poco tiempo, la
CELAC fuera protagonista del rescate de los sueños primitivos
de sus fundadores en torno a la búsqueda de una solución pacífica de polémicas
y desterrar para siempre el uso de la fuerza en busca de la necesidad del logro
de la unión entre los países que la integran.
La Proclama de América Latina y el Caribe como
Zona de Paz, firmada por los miembros de CELAC en Cuba, ratifica el saldo
de sólo la paz puede alcanzarse a través del diálogo, la armonía y el pleno
respeto al derecho internacional y a los derechos humanos ratificado por una
cultura de paz.
La cita de la Celac señaló el camino en la construcción de la integración latinoamericana y caribeña. Además, dejó de ser un sueño por los fundadores para hacerse realidad y marcar una ruptura con un pasado de desunión que nos revela el surgimiento de una nueva época de unidad y cooperación entre los pueblos de nuestra América.
La cita de la Celac señaló el camino en la construcción de la integración latinoamericana y caribeña. Además, dejó de ser un sueño por los fundadores para hacerse realidad y marcar una ruptura con un pasado de desunión que nos revela el surgimiento de una nueva época de unidad y cooperación entre los pueblos de nuestra América.
Sin dudas,
vivimos un cambio de época. Vivimos un cambio donde América
Latina y el Caribe están en condiciones de dejar de ser, definitivamente, como
decía nuestro José Martí, ¨aquellas repúblicas dolorosas de América,
levantadas entre las masas mudas de indios, al ruido de pelea del libro con el
cirial¨, para convertirse en la avanzada de la paz y la solidaridad en
todo el continente Americano.
jueves, 6 de febrero de 2014
Camilo: un hombre del pueblo
En una barriada
habanera, en el seno de una familia humilde y revolucionaria, vio la luz el 6 de febrero de 1932 Camilo Cienfuegos Gorriarán, fundador del Ejército Rebelde y una
de las principales figuras al triunfo de la Revolución en Cuba.
Fue Camilo uno de los 82 expedicionarios del yate Granma, que el 2 de diciembre de 1956, desembarcó en las costas del oriente del país con el propósito de iniciar una insurrección armada para poner fin al régimen de Fulgencio Batista.
De barba espesa, amplio sombrero alón, fue el Héroe de Yaguajay, uno de los hombres más queridos entre las tropas y los pobladores. La humilde extracción social de Camilo, además de su temperamento jovial con la que sumaba amigos desde el primer encuentro, lo convirtieron desde muy temprano en uno de los más carismáticos dirigentes de la Revolución Cubana.
Buen conocedor de sus hazañas militares, a Camilo Cienfuegos, lo acompañaba siempre la eterna sonrisa debajo del inseparable sombrero alón. Portador de un tremendo un carisma para dejar una huella inquebrantable entre los que lo conocieron, fue en suma, uno de los hombres más queridos entre las tropas y los pobladores.
Tenía dos corazones: uno para la Patria y otro para el amor. Del hombre de la sonrisa amplia dijo Ernesto Guevara de la Serna: "Fue el compañero de cien batallas, el hombre de confianza de Fidel en los momentos difíciles de la guerra y el luchador abnegado que hizo siempre del sacrificio un instrumento para templar su carácter y forjar el de la tropa... Camilo era Camilo, señor de la vanguardia, guerrillero completo que se imponía por esa guerra con colorido que sabía hacer."
Revolucionario de pies a cabeza, y dotado de una calidad humana insuperable, fue Camilo Cienfuegos Gorriarán, además, modelo insuperable de combatiente y de vanguardia. Era un hombre que sencillamente había surgido del pueblo, un hombre donde latía aceleradamente un comunista cabal, de sentimientos y de corazón.
Fue Camilo uno de los 82 expedicionarios del yate Granma, que el 2 de diciembre de 1956, desembarcó en las costas del oriente del país con el propósito de iniciar una insurrección armada para poner fin al régimen de Fulgencio Batista.
De barba espesa, amplio sombrero alón, fue el Héroe de Yaguajay, uno de los hombres más queridos entre las tropas y los pobladores. La humilde extracción social de Camilo, además de su temperamento jovial con la que sumaba amigos desde el primer encuentro, lo convirtieron desde muy temprano en uno de los más carismáticos dirigentes de la Revolución Cubana.
Buen conocedor de sus hazañas militares, a Camilo Cienfuegos, lo acompañaba siempre la eterna sonrisa debajo del inseparable sombrero alón. Portador de un tremendo un carisma para dejar una huella inquebrantable entre los que lo conocieron, fue en suma, uno de los hombres más queridos entre las tropas y los pobladores.
Tenía dos corazones: uno para la Patria y otro para el amor. Del hombre de la sonrisa amplia dijo Ernesto Guevara de la Serna: "Fue el compañero de cien batallas, el hombre de confianza de Fidel en los momentos difíciles de la guerra y el luchador abnegado que hizo siempre del sacrificio un instrumento para templar su carácter y forjar el de la tropa... Camilo era Camilo, señor de la vanguardia, guerrillero completo que se imponía por esa guerra con colorido que sabía hacer."
Revolucionario de pies a cabeza, y dotado de una calidad humana insuperable, fue Camilo Cienfuegos Gorriarán, además, modelo insuperable de combatiente y de vanguardia. Era un hombre que sencillamente había surgido del pueblo, un hombre donde latía aceleradamente un comunista cabal, de sentimientos y de corazón.
martes, 4 de febrero de 2014
El 27 de febrero Fernando González Llort saldrá en libertad
Tras cumplir la injusta condena de 15 años, 5
meses y 15 días, resultado de un amañado juicio por el gobierno
estadounidense, el antiterrorista cubano Fernando González Llort, saldrá en libertad este 27 de febrero de la prisión
federal de Safford, en Arizona, Estados Unidos.
Como Fernando no es ciudadano estadounidense, al
decir de su abogado, Richard Klugh, según las leyes, al finalizar su
condena pase a la jurisdicción de las autoridades de Inmigración, pues él no posee la ciudadanía estadounidense,
al contrario de René González y de Antonio Guerrero que aún la posee.
Para facilitar su pronto regreso a Cuba, alega el
jurista, Fernando y renunció a
impugnar su deportación a Cuba y además a seguir como parte del proceso de apelación
extraordinaria, Habeas Corpus, junto a Gerardo, Ramón y Antonio, queienes aún permanecen en prisión.
"Fernando ha sido un preso ejemplar en
todo, nunca tuvo ningún tipo de incidente", alega Klugh. Tiene todos
los trámites en orden y hay negociaciones con las autoridades pertinentes para
lograr su inmediato regreso a Cuba y a su familia. Todos los abogados que hemos participado en la
defensa de los Cinco siempre hemos tenido un fuerte sentimiento de afinidad con
Fernando. Es una persona extremadamente sensible, gentil, fuerte y
honorable."
El antiterrorista cubano Fernando González Llort, fue detenido el 12 de
septiembre de 1998, junto con Gerardo Hernández, Ramón Labañino, Antonio
Guerrero y René González, acusados injustamente injustamente en los Estados Unidos por combatir el terrorismo.
lunes, 3 de febrero de 2014
Fidel: “Con mujeres como ustedes, cualquier pueblo se libera”
Este 3 de febrero se conmemora el aniversario 53 de la entrada del
Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz a Guantánamo. A propósito de la
ocasión, La guantanamera publica un testimonio que ofreciera la ya fallecida
Isabel Luisa Borges Giró (Cuchita), una de las mujeres a las que el
Movimiento 26 de julio en la provincia le asignara la responsabilidad de
recibirlo.

Isabel Luisa Borges Giró es mi nombre, pero me dicen Cuchita, tengo más de 85 años de edad y desde joven tuve una vida muy activa. Mis acciomnes asociadas a la Revolución, trascienden desde que me alcé en La Tinaja de Cupeyal, donde me incorporé a las fuerzas de Eloy Paneque y Efigenio Ameijeiras, Jefe de la Columna 6, a la que pertenecía. A mis años, aún recuerdo el día en que Fidel entró a Guantánamo.
El 3 de febrero de 1959, nos habíamos citado en el Salón Árabe de la Sociedad Colonial Española, hoy Casa de Cultura Rubén López Sabariego. Yo pertenecía a la brigada de primeros auxilios del Movimiento 26 de julio en Guantánamo, dirigida por Margot Hernández Montes de Oca y teníamos una misión que cumplir: Recibir a nuestro Comandante Fidel Castro Ruz frente al parque José Martí de esta cuidad.
Todo esta preparado para la ocasión. Recuerdo que en el Salón Árabe, había ocho combatientes de la Revolución, ellos sujetaban una bandera cubana gigante sobre la cual despetalamos alrededor de 50 docenas de radiantes, luego la doblamos con los pétalos dentro y la colocamos encima de una mesa grande de mármol para ahí, esperar al Comandante.
Estábamos muy felices, eufóricos, sin embargo, era tanto pueblo en el lugar que no dejaban avanzar al carro que ya se acercaba.Todo el pueblo guantanamero estaba en las calles. Cuando vimos el auto enfrente a nosotros, le recité una poesía dedicada a él y a Raúl, cantamos el Himno Nacional y dedicamos frases de elogio y agradecimiento por el Triunfo Revolucionario. Entonces Fidel nos miró y dijo: “Con mujeres como ustedes, cualquier pueblo se libera”.
Con mucho esfuerzo, llegamos junto al auto descapotable, lo recuerdo bien, por allí no se podía caminar, qué manera de haber pueblo. Mi hija Zelma, de sólo 9 años, me acompañaba en el inolvidable momento. La pequeña, al ver al Comandante en Jefe, le preguntó por Celia y al saber que no venía en el recorrido, entregó un ramo de gladiolos rosados que eran para ella, a Teresita, segunda secretaria de Fidel, sentada entonces en el guardafangos del vehículo. Fue una escena difícil de olvidar.
Fidel levantó a mi hija y le pidió que lo acompañara en el recorrido desde el parque José Martí hasta la Escuela de Comercio, hoy Escuela de Economía. Los guantanameros estaban muy atentos y desde los balcones, lanzaban frases revolucionarias y flores saludar al Comandante de la Revolución. “Sujétate de la catana, no te sueltes”, le decía Fidel a mi pequeña Zelma.
Cuando Fidel llega a los portales de la otrora Escuela Profesional de Comercio, centro de luchas estudiantiles y de la presencia de Frank País en Guantánamo, la concentración era más grande, centenares de hombres, mujeres, niños, de todo un pueblo, esperaban a su Comandante. El entusiasmo para recibir a Fidel en Guantánamo era indescriptible. Fue la primera vez que Fidel entraba a esta ciudad, a la primera trinchera antimperialista de Cuba. Fue también la primera vez que hablaba a los guantanameros.
El Comandante habló a los guantanameros sobre su preocupación por el territorio que ocupa ilegalmente la base naval norteamericana, puñal clavado en el corazón de todos los cubanos, de la difícil situación económico-social, el desempleo, los bajos salarios de los campesinos y obreros, la prostitución y de la explotación de los campesinos que no eran propietarios de tierra. Entonces anunció la aprobación de la Ley de Reforma Agraria, reafirmando que un propósito supremo era cumplimentar el Programa del Moncada.
No supe hacia donde se dirigió Fidel una vez culminada la alocución, solo sé que un jeep militar, llevó a mi hija a la casa y me conmovió mucho cuando me dijo: “ Mamá, yo nunca había visto un rostro tan lindo como el de Fidel, con el color rosado de su piel y el sudor de la frente, parecía la concha de un caracol”. Ese día fue algo inolvidable para mí, te lo aseguro…

Isabel Luisa Borges Giró es mi nombre, pero me dicen Cuchita, tengo más de 85 años de edad y desde joven tuve una vida muy activa. Mis acciomnes asociadas a la Revolución, trascienden desde que me alcé en La Tinaja de Cupeyal, donde me incorporé a las fuerzas de Eloy Paneque y Efigenio Ameijeiras, Jefe de la Columna 6, a la que pertenecía. A mis años, aún recuerdo el día en que Fidel entró a Guantánamo.
El 3 de febrero de 1959, nos habíamos citado en el Salón Árabe de la Sociedad Colonial Española, hoy Casa de Cultura Rubén López Sabariego. Yo pertenecía a la brigada de primeros auxilios del Movimiento 26 de julio en Guantánamo, dirigida por Margot Hernández Montes de Oca y teníamos una misión que cumplir: Recibir a nuestro Comandante Fidel Castro Ruz frente al parque José Martí de esta cuidad.
Todo esta preparado para la ocasión. Recuerdo que en el Salón Árabe, había ocho combatientes de la Revolución, ellos sujetaban una bandera cubana gigante sobre la cual despetalamos alrededor de 50 docenas de radiantes, luego la doblamos con los pétalos dentro y la colocamos encima de una mesa grande de mármol para ahí, esperar al Comandante.
Estábamos muy felices, eufóricos, sin embargo, era tanto pueblo en el lugar que no dejaban avanzar al carro que ya se acercaba.Todo el pueblo guantanamero estaba en las calles. Cuando vimos el auto enfrente a nosotros, le recité una poesía dedicada a él y a Raúl, cantamos el Himno Nacional y dedicamos frases de elogio y agradecimiento por el Triunfo Revolucionario. Entonces Fidel nos miró y dijo: “Con mujeres como ustedes, cualquier pueblo se libera”.
Con mucho esfuerzo, llegamos junto al auto descapotable, lo recuerdo bien, por allí no se podía caminar, qué manera de haber pueblo. Mi hija Zelma, de sólo 9 años, me acompañaba en el inolvidable momento. La pequeña, al ver al Comandante en Jefe, le preguntó por Celia y al saber que no venía en el recorrido, entregó un ramo de gladiolos rosados que eran para ella, a Teresita, segunda secretaria de Fidel, sentada entonces en el guardafangos del vehículo. Fue una escena difícil de olvidar.
Fidel levantó a mi hija y le pidió que lo acompañara en el recorrido desde el parque José Martí hasta la Escuela de Comercio, hoy Escuela de Economía. Los guantanameros estaban muy atentos y desde los balcones, lanzaban frases revolucionarias y flores saludar al Comandante de la Revolución. “Sujétate de la catana, no te sueltes”, le decía Fidel a mi pequeña Zelma.
Cuando Fidel llega a los portales de la otrora Escuela Profesional de Comercio, centro de luchas estudiantiles y de la presencia de Frank País en Guantánamo, la concentración era más grande, centenares de hombres, mujeres, niños, de todo un pueblo, esperaban a su Comandante. El entusiasmo para recibir a Fidel en Guantánamo era indescriptible. Fue la primera vez que Fidel entraba a esta ciudad, a la primera trinchera antimperialista de Cuba. Fue también la primera vez que hablaba a los guantanameros.
El Comandante habló a los guantanameros sobre su preocupación por el territorio que ocupa ilegalmente la base naval norteamericana, puñal clavado en el corazón de todos los cubanos, de la difícil situación económico-social, el desempleo, los bajos salarios de los campesinos y obreros, la prostitución y de la explotación de los campesinos que no eran propietarios de tierra. Entonces anunció la aprobación de la Ley de Reforma Agraria, reafirmando que un propósito supremo era cumplimentar el Programa del Moncada.
No supe hacia donde se dirigió Fidel una vez culminada la alocución, solo sé que un jeep militar, llevó a mi hija a la casa y me conmovió mucho cuando me dijo: “ Mamá, yo nunca había visto un rostro tan lindo como el de Fidel, con el color rosado de su piel y el sudor de la frente, parecía la concha de un caracol”. Ese día fue algo inolvidable para mí, te lo aseguro…
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)



