Yo lo que necesito es un trago…


¡Yo no quiero un cocimiento, Mamité, yo lo que necesito es un trago!. Así le dijo la actriz Natacha Díaz en su papel de Macuchi, en una de las escenas de la novela de factura nacional Añorado Encuentro que cada lunes, miércoles y viernes se transite por el canal Cubavisión de la televisión Cubana.

Podrá llevar por nombre Rosa, Ana María, Elena o Macuchi, como en el caso de marras. Podrá tener cualquier edad; ser una estudiante, una joven madre, una profesional admirable, una esposa ejemplar, una digna abuela o ser simplemente de esas mujeres que han perdido a su familia, debido a la impotencia para controlar la bebida.

Conocido como “Síndrome de dependencia del alcohol” el alcoholismo se caracteriza en el hombre o la mujer por la necesidad compulsiva de beber; la pérdida del control de su consumo; la dependencia física (vómitos, sudor, temblores, ansiedad) y la necesidad de aumentar la cantidad ingerida para sentirse hastiado, enajenado, endrogado.

Las mujeres beben desde tiempos inmemoriales y son muchas las causas por las que las mujeres se convierten en alcohólicas. Muchas empiezan consumiendo alcohol solo por diversión, para olvidar penas, por problemas laborales, conyugales...pero el alcohol se vuelve adicción en muy poco tiempo.

Estas son entre otras, las razones por las cuales en la mayoría de los casos, las enfermas presionadas por los propios hijos, acuden a consultas en busca de tratamiento, en tanto algunos esposos temen al ridículo delante de sus amigos por tener una esposa enferma. Entonces se deprimen y, cuando son descubiertas, su estado físico y mental ya está completamente deteriorado.

Ellas beben a escondidas y ocultan su estado. Es significativo acotar que, mientras un borracho constituye centro de risas entre amigos, una mujer no encuentra más que el desprecio y piropos nada agradables hasta convertirse en diana de prejuicios sociales, que jamás suelen rozar a los hombres.

El proceso de alcoholización es extremadamente rápido, y trae consigo la aparición temprana de la fatiga, debilidad, pérdida de peso corporal, dolores abdominales, genera estrés, decepciones, amistades negativas, baja autoestima, así como complicaciones neuropsiquiátricas, hepatopatias, psicosis, pérdida de la memoria y demencia alcohólica, además de la repercusión en las responsabilidades laborales.

Para las bebedoras, es difícil aceptar su condición de alcohólicas, por lo que muchas de ellas se distancien de las instituciones médicas y sociales. Más deben de imponerse y saltar por encima de los prejuicios sociles, preguntarse cómo dejar el alcohol.

Es important que estas mujeres enfermas se acerquen a los Centros Comunitarios de Salud Mental y Casas de Orientación de la Mujer y la Familia, para recibir orientaciones en cuanto al tratamiento médico que deben asimilar. Hay que romper barreras e intentarlo, por que no todo está perdido.

Las etiquetas de las botellas no prohíben a las mujeres ingerir bebidas alcohólicas. Para “enborracharse”, nada importa si se trata de “ellas o de ellos” al final, las consecuencias son similares para ambos sexos. Lo que si es preocupante el aumento del número de bebedoras en las últimas décadas.

Nada, amigo lector, que al final del trayecto, no importa si el mal es el de beber oculto o en público, ni el de enfrentar a la familia, a los compañeros de trabajo, a la sociedad, como le sucede a Macuchi , para que Baco le ajuste las cuentas, si ellas se “pasan de copas”.