El Crimen de Barbados: Una estocada por la espalda, un arañazo a traición


No importa que hayan pasado los años. Ya son 35, sin embargo, el Crimen de Barbados aún estremece las fibras más sensibles de cualquier ser humano. Hay quienes no lo recuerdan o simplemente no vivieron aquel 6 de octubre de 1976, pero basta solo un poco de nobleza moral para solidarizarse con las víctimas y sus familiares. Aún duele.

La historia del terrorismo de Estados Unidos contra Cuba llegó su punto más espantoso cuando terroristas de la peor calaña respaldados por el gobierno norteamericano, hicieron estallar en pleno vuelo el avión CUT 1201, de Cubana que cayó al mar en las costas de Barbados.

Perdían la vida 73 personas, 11 jóvenes guyaneses que estudiarían Medicina en Cuba, cinco funcionarios de la República Popular Democrática de Corea y 57 cubanos y 16 esgrimistas del equipo juvenil, con sus entrenadores, que regresaban al país llenos de júbilo tras conquistar todas las medallas de oro del cuarto Campeonato Centroamericano y del Caribe de Esgrima, celebrado en Caracas, Venezuela.

Una estocada por la espalda, un arañazo a traición, eso fue el alevoso crimen. Estos atletas dijeron adiós a la vida en plena flor de su juventud. La bomba segó sus vidas. Sin embargo, los autores confesos y connotados asesinos de ese acto, reciben hoy todo el respaldo apoyado por el silencio cómplice del gobierno estadounidense, autoproclamado abanderado en la lucha contra el terrorismo.

Hoy, mientras las fuerzas progresistas del mundo alzan sus voces contra el Crimen de Barbados, Cinco valerosos cubanos, verdaderos luchadores contra el terrorismo, cumplen largas condenas por monitorear a los grupos extremistas radicados en el sur de La Florida.

Uno de ellos, René, es nuevamente castigado por la jueza federal Joan Lenard, quien presentó una moción para mantenerlo por tres años en libertad supervisada, luego de cumplir más de 13 de indebida prisión. Y esto si es un acto de verdadero terrorismo.