Cuba: Donde cada minuto le corresponde los niñas y niñas


Cada tercer domingo de julio se celebra en Cuba el Día de los niños, momento oportuno para reflexionar, en lo que significa la fecha para quienes tienen la alegría de saberse el tesoro más valioso y vivir en un país que garantiza a los pequeños los derechos más elementales desde su nacimiento.

El pensamiento y la voluntad del gobierno cubano respecto los niños y niñas desde la etapa perinatal, es constante. Y es que a allos no sólo se les garantiza la salud y la alimentación, sino además educación, seguridad, felicidad y sobre todo, a ocupar el lugar que les corresponde en una sociedad equitativa y equilibrada.

Los niños cubanos viven un mundo donde existe la belleza y la ternura, donde navegan en el descanso de los sueños y donde se procrean con el privilegio de tejer fantasías, para jugar, estudiar y crecer alejados de las penas y el dolor sufridos por otros niños en otras latitudes.

Participar libremente en la vida cultural, recibir antes y después del nacimiento todos los cuidados, estar protegidos desde edades tempranas de más de trece enfermedades peligrosas, expresar sus opiniones en foros, congresos y en sus organizaciones, son otros de los privilegios que gozan los niños cubanos, a comparación con los niños de los de otros países del mundo.

En los países más pobres, más de 300 millones de niños son explotados laboralmente, situación que exige garantizar que los productos procedentes del Tercer Mundo sean elaborados en unas condiciones dignas de trabajo, salario y edad.

El contraste de la actitud de Cuba para con los niños es palpable. Muy lejos están los pequeños cubanos de la explotación laboral, la prostitución, mendicidad, el tráfico de personas u otros actos de violencia muy comunes en otras sociedades donde impera la economía de mercado.

En Cuba cada minuto le corresponde los niñas y niñas. Por tal razón, la mayor felicidad nuestra, es otorgar la alegría y la satisfacción en cuerpos sanos y almas puras de estos seres, para abrazar su inocencia y lograr que muestren en sus rostros la sonrisa que produce ser al decir de José Martí: “ El tesoro más valioso”.